Ramón Merino Collado
"De monstruos y trincheras" (Espiral-CF nº 52)
1- Haznos una pequeña semblanza de ti mismo: quién eres, qué has escrito o
publicado con anterioridad.
Me llamo Ramón Merino Collado, y soy
escritor. Nací con una estilográfica bajo el brazo, toda una declaración de
intenciones ya a tan temprana edad. Los psicólogos afirman que adoptamos roles
en nuestro vagar cotidiano; si es así, mi máscara es la de escritor. No es que
me gane la vida con ello, claro. Ejerzo de profesor de matemáticas e informática
en un instituto de Baeza (Jaén); pero soy escritor. Me he alzado con algunos
premios literarios, pertenezco a la asociación Nocte, Grupo Ajec ha editado mis
cuentos y ahora estreno libro con Espiral Ciencia Ficción; pero aunque jamás me
hubieran publicado nada seguiría siendo escritor. Lo llevo en la sangre, en lo
más hondo del alma, se me dibuja en la piel, se me lee en los ojos. Soy
escritor, qué le vamos a hacer. Sin escribir estaría perdido y probablemente me
deportarían al espacio por inconcluso.
2- ¿Qué palabra, idea o
sentimiento puede resumir el concepto de tu libro?
Sintetizar un libro
tan complejo en una sola palabra o idea supone todo un reto, con más razón al
integrar dos historias tan diferentes. Pero quizá una buena opción sea la
palabra conflicto, en un sentido amplio. La guerra tiene muchas
dimensiones, también existe una guerra psicológica que constituye la raíz del
conflicto armado, el origen de los enfrentamientos físicos entre los hombres. El
ser humano es intelectualmente heterogéneo, pensamos de modos muy distintos y
eso está bien; el problema surge cuando imponemos nuestras opiniones, cuando
depreciamos la tolerancia y el respeto y convertimos nuestro juicio en
evidencia, nuestras ideas en ideologías. El hombre es un lobo para el hombre en
cuanto que transgrede la libertad de los demás. Por eso he llamado al conjunto
De monstruos y trincheras, porque a pesar de las diferencias entre ambas
novelas hay un denominador común que es la guerra, la guerra en escenarios
fantásticos; una guerra donde los contendientes, como en todas las guerras, son
monstruos, a veces literales y a menudo bastante humanos.
3- ¿Cuánto has
tardado en escribirlo?
Las dos novelas que componen De monstruos y
trincheras son antiguas, más aún que El teatro de los prodigios, al
menos en sus primeras versiones. No recuerdo con exactitud cuánto tarde en
escribirlas en su día; en corregirlas y prepararlas para Espiral CF he echado
unos meses. Suelo tener un buen ritmo escribiendo, aunque lo compenso con un
proceso de pulido lento y escrupuloso.
4- ¿Cómo fue su realización? ¿Te
ha costado mucho? ¿O, por el contrario, te salió de una manera fluida?
La
escritura suele salirme fluida, aunque luego el texto requiera de mucha
corrección. Digamos que divido el proceso de creación literaria en dos etapas:
una primera en la que me centro en el fondo y otra posterior en la que pulo la
forma.
En cuanto a De monstruos y trincheras, su realización ha
sido un tanto peculiar. En primer lugar remití a Espiral Ciencia Ficción La
Guerra de los Sueños, una novela coral de corte épico con reflexiones
filosóficas, multitud de personajes, escenarios oníricos y un planteamiento
exótico. Juan José Aroz aceptó publicármela, pero me propuso completarla con
otro texto de cosecha propia para conferir volumen al libro. Recurrí a una
narración que esbocé tiempo atrás pero que necesitaba un buen lavado de cara. Me
puse manos a la obra; prácticamente tuve que reescribirla, aunque respeté la
esencia de la historia para que no perdiera esa frescura que la hacía tan
especial y que la convertía en un buen complemento antitético de La Guerra de
los Sueños, más épica, seria y ambiciosa. La penúltima danza del
Griwll, a la postre, acabó erigiéndose en un texto paródico con toques de
novela negra, repleto de clichés premeditados, que remeda el asalto a la
fortaleza, el camino del héroe de Campbell, las invasiones alienígenas y el
terror de los estados totalitarios.
5- ¿Lees mucha CF? Coméntanos alguno
de los últimos libros que hayan caído en tus manos.
La ciencia ficción no
es mi género predilecto, aunque es afín a géneros que sí están entre mis
preferidos (la fantasía urbana, el realismo mágico
). Con todo, de cuando en
cuando me gusta volver a ella y renovar el sentido de la maravilla y la
imaginería especulativa a través de lecturas seleccionadas. Muchas de las
novelas que considero imprescindibles son de ciencia ficción, como 1984
de George Orwell o las obras de H. G. Wells. También me gustó mucho la
Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov (aunque sus relatos de robots no
me terminan de convencer), así como El juego de Ender de Scott Card,
Pórtico de Pohl, Crónicas Marcianas de Bradbury, los cuentos de
Dick y Chiang
Pero sin duda mi obra de ciencia ficción favorita es la
Bilogía de Hyperion, de Dan Simmons. Se halla entre mis diez preferidas
de cualquier género e integra todo lo que para mí debería ser la ciencia
ficción.
6- ¿Quiénes son los autores que más te han influido?
Cada
libro ha tenido sus referentes. En los primeros cuentos hay mucho de los
americanos del realismo mágico y del fantástico en general tales como Cortázar y
Borges. También me han influido autores patrios, entre los cuales suelo
mencionar a César Mallorquí, Rafael Marín, J. Antonio Cotrina y Félix J. Palma.
Trato de leer un poco de todo, pero reconozco mi querencia por los autores que
escriben en castellano. Si los autores son buenos, se aprende mucho más con sus
obras que con cualquier traducción, por magníficos que sean el traductor y el
narrador original. En la traducción se pierden los matices del idioma, mientras
que con las obras escritas en español logramos una comunicación directa entre
escritor y lector, sin ruido, pérdida ni interferencias.
7- Tanto de CF
como de cualquier otro género, ¿qué libros son los que tú puedes considerar
obras maestras y por qué?
Nunca he sido muy amigo de conceptos absolutos
como el de obra maestra. El arte es subjetivo por naturaleza, y el canon
literario tradicional en algunos casos me parece el traje nuevo del emperador
(una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, que diría Goebbels).
Muchas de las supuestas obras maestras de la literatura universal a mí me
resultan más bien ramplonas y, sintiéndolo en el alma, la necesidad de un
contexto en que encuadrarlas no salva su sosería. Por supuesto, soy un nihilista
a medias: sí que hay muy buenos autores consagrados que merecen su renombre.
Pero también descubro a menudo muchas otras plumas excelentes que ni siquiera
están publicadas. Uno encuentra poesía en los lugares más insospechados, en un
grafiti, en una canción, en el cuento de un prometedor alumno.
A lo que
voy es a que, aunque tengo mis preferencias y ya he señalado algunas, no
expondré aquí ningún nombre categórico. Incluso dentro de mi propio arbitrio, la
novela que hoy me parece una obra maestra igual mañana la desbancan otras diez.
La literatura, en cuanto arte, no admite dogmas. Las listas absolutas las crean
los hombres, no la literatura.
8- ¿Cómo ves el panorama de la CF
mundial?
Creo que la ciencia ficción goza de una buena salud encubierta.
La ciencia ficción siempre ha adolecido de mala fama a través de una miríada de
sambenitos que no resultan fáciles de extirpar, por eso es lógico que muchos
autores y editores del género prefieran encubrir la etiqueta. De este modo, se
vende como literatura generalista narrativa claramente adscrita a la ciencia
ficción. Obras como Los juegos del hambre, La chica mecánica,
La carretera o El mapa del tiempo son historias tradicionales de
ciencia ficción. Otra cosa es que quienes decidimos mostrar abiertamente los
ropajes del género seamos más o menos repudiados por el común de los lectores. Y
nuestra propia reacción no es que ayude mucho. En mi opinión el fandom,
al menos en este país, constituye un mundo demasiado cerrado, como si
conscientes de la infamia optásemos por aislarnos en un gueto y
retroalimentarnos en lugar de luchar por derruir las fronteras, y esto, claro,
le hace un flaco favor a la ciencia ficción.
9- ¿Y español?
El
mercado de géneros minoritarios se está cayendo a pedazos. El libro electrónico
y la crisis económica han ocasionado el cierre de muchas editoriales medianas y
pequeñas. El incremento de opciones de publicación, opciones que se saltan la
figura del editor tradicional (muy importante en su papel de prescriptor, ya que
actúa como filtro de calidad literaria), ha propiciado la aparición de multitud
de textos descuidados, y esto tampoco le hace ningún favor a la literatura (ojo,
hay muy buenos manuscritos sin editorial, pero también otros que no lo son
tanto). Editar un libro es hoy más fácil que nunca, pero vivir de la pluma, por
el contrario, nunca ha sido tan difícil.
Pero no todo es negro en este
panorama. En el corazón del caos siempre se oculta un nuevo orden. Los antiguos
modelos de mercado agonizan para dar paso a los modernos. La actual crisis
encierra un cambio; habrá una reestructuración del negocio literario, pero la
literatura como tal perdurará. La ciencia ficción siempre ha sido un género de
minorías, aunque también un género que ha sobrevivido a las fluctuaciones del
mercado. Estamos pasando por una mala racha, pero resurgiremos cual Fénix de
nuestras propias ascuas, y quizá en la renovación anide una mejora.
10-
Después de este libro tuyo en Espiral, ¿cuáles son tus planes? ¿Estás
escribiendo algo ahora mismo?
La escritura de mi última novela,
Memorias paganas, y la revisión de De monstruos y trincheras me
han dejado bastante exhausto, así que ahora me estoy regalando un paréntesis en
la labor escritora. Pero ya tengo en la cabeza nuevas ideas que a buen seguro
abordaré en breve, mientras repaso por última vez Memorias paganas y la
empujo fuera de casa para buscarle una novia editorial.